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Cartas de un estoico 42 – Resumen y principales conclusiones

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En Cartas de un estoico 42, Séneca habla de un amigo de Lucilio que afirma que es un hombre bueno. Para los estoicos, ser bueno significa vivir una vida de virtudes. Séneca expresa su duda porque, en primer lugar, para ser verdaderamente bueno se necesita tiempo. Las virtudes son buenos hábitos que hay que construir con el tiempo. En segundo lugar, si su amigo afirma que es una buena persona, entonces no ha captado del todo lo que significa ser bueno. Suscribía la máxima de que «la gente buena no sabe que es buena».

En la siguiente parte de la carta, Séneca habla de la importancia de comprender nuestros valores. Ya se trate de una compra, de una búsqueda o de un objetivo vital, debemos dedicar enteramente nuestros recursos y energía a lo que verdaderamente nos importa. «Por lo tanto, con respecto a los objetos que perseguimos, y por los que nos esforzamos con gran empeño, debemos notar esta verdad: o no hay nada deseable en ellos, o lo indeseable es preponderante. Algunos objetos son superfluos; otros no valen el precio que pagamos por ellos» Eso se debe a que a veces tendemos a perseguir cosas de las que ya tenemos bastante y a veces cosas que realmente nos importan. Tenemos que evaluar nuestros valores: las cosas que realmente deseamos.

En la última parte de la carta, Séneca subraya que la pérdida es sólo una cuestión de percepción. «Mira a tu alrededor y observa las cosas que nos vuelven locos, que perdemos con un torrente de lágrimas; percibirás que no es la pérdida lo que nos perturba con referencia a estas cosas, sino una noción de pérdida. Nadie siente que se han perdido, sino que su mente le dice que ha sido así. Esta es una práctica estoica esencial: entrenarnos para evaluar y dirigir nuestras percepciones». Marco Aurelio y Epicteto hablan mucho de cómo la calidad de nuestras vidas depende de cómo percibimos las cosas en nuestras vidas.

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